La anulación de la creatividad en una secta

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Eugenia Sanmartín 1.

Trabajo originalmente presentado en el II Encuentro Nacional de Profesionales, Familiares y Ex Miembros de Sectas, celebrado en Madrid los días 4 y 5 de marzo de 2016.

Hola, estoy aquí porque he salido, hace un año y medio-dos de un grupo sectario. Pequeño y del tipo digamos pseudoterapéutico, presentándose el guru como un profesional de la salud alternativa en el ámbito de la terapia emocional, psicológica, etc.

Y hablo de esto porque me dedico al teatro, a la música y tímidamente a la escritura.

Vaya por delante que es obvio que la creatividad está anulada en cualquier adepto. En el momento en que todas las decisiones importantes de la propia vida pasan por el líder, es claro para cualquiera que la creatividad propia ya está anulada.

Si bien quiero hablar sobre el hecho creativo artístico, como fue utilizado dentro y cómo fuera lo rescato y me rescata; la creatividad común a todas las personas es esa que usas para la vida y pronto va adormeciéndose, amedrentándose y anulándose a medida que uno se convierte en un adepto.

Cuando entre en contacto con el líder del grupo en el que he estado yo estudiaba Arte Dramático y ya hacía música, y escribía mucho, relato corto, poesía, mucha, y poco más.

En este grupo en concreto el arte era interesante para el líder (que también afirmaba ser artista) y cuando yo les conocí había muchos ya en el grupo: bailarinas, actrices, cantantes líricos, un par de artistas plásticas…

De hecho se hicieron varios intentos de producir espectáculos: conciertos, puestas en escena mezclando disciplinas, alguna obra de teatro, recitales… Siempre se decía que iba a ser maravilloso, que todo el mundo tendría que reconocer la superioridad de nuestro arte y que así transmitiríamos al mundo claves y mensajes necesarios.

Lo cierto es que lo primero que se vio afectado en mis quehaceres creativos artísticos fue la escritura; poco a poco dejé de escribir espontáneamente; lo que salía de mí no me parecía nunca adecuado, era el motivo mayor para tirar aquello que escribía o abandonarlo.

Si quería sacar afuera emociones negativas me sentía fatal por tenerlas (era estar enferma) y solía terminar los textos dándome un auto discurso que no me llenaba. Auto discurso lleno de palabras bonitas y de fuerza pero vacío de autentico significado y contenido.

El simbolismo y la metáfora se reducen drásticamente. Me explico: por supuesto cualquier grupo de estos está cargado de símbolos, iconos; y tiene un lenguaje propio de frases y palabras que tiene una carga específica sólo para iniciados e incluso palabras que sólo tienen sentido para los miembros. Entonces, la reducción de la que hablo se refiere al imaginario propio, a los propios recursos creativos. Pasé a referirme en mis escritos sólo a símbolos que se utilizaban en el grupo, mensajes y conceptos del grupo; y, claro, cuando escribes y te gusta escribir bien, hacer metáforas todo el rato con, por ejemplo, el águila imperial norteamericana, ajeno a mi imaginario personal y cultural, no da buenos frutos.

También el de qué hablar se reduce: las personas que observas y que tienen comportamientos no aceptados por la doctrina grupal no son considerados como seres humanos a entender o no; sino que son considerados como enfermos y es fácil entender que desde ahí no dan ganas de escribir de ellos.

Situaciones que antes me inspiraban e intrigaban, cuando trataba de escribir sobre ello mi punto de vista era deshumanizado y nada flexible, el retrato, la opinión, la duda desaparece para aparecer el juicio, siempre categorizaciones a través del ideario sectario en cuestión.

Pensé de mí que era una absoluta incapaz de escribir, pensé de mí que escribía ñoñerías y que sólo merecía la pena escribir algo si dejaba claro a toooodaaa la humanidad como se “salva vida” y como se destruye… Pensé que quizá cuando estuviese “curada de mi daño nuclear” entonces podría escribir lo que quería. Durante mucho tiempo me preocupó: pero no lo interpretaba como un síntoma del que mi pertenencia al grupo fuese la causa, sino que pensaba que era debido a mi “enfermedad” que yo estaba dejando de hacer algo importante para mi…. o sea yo en silencio cargue con aquella culpa.

También me convertí en un espectador cruel y exigente y perdí el respeto hacia muchas manifestaciones artísticas. Y siempre pensando en la enfermedad del artista creador, personas que no conocía…

Así que el alejamiento de ambientes artísticos y creativos fue paulatino pero continuado hasta el corte total. Y sólo me relacionaba con los del grupo. Dentro del grupo era loada como gran artista. En el ámbito de teatro y música se iba reduciendo el asunto a hacer cosas con personas del grupo y mis relaciones profesionales exteriores se fueron deteriorando y rompiendo hasta la casi nada…

Se dice que el guru tipo está imposibilitado de empatía, creo que es totalmente cierto, empatía cero total. Solo parece que empatiza, pero no lo hace, se puede emocionar con las cosas que alimentan su ego transtornado, pero no es más que él y él y él… digo esto porque en mí veo ahora cómo eso también empezó a darse, y dejas de amar, creyendo paradójicamente ser un ejemplo de amor a la humanidad, realmente vas dejando de hacerlo, vas perdiendo la capacidad de empatía y cariño, por supuesto de tolerancia, flexibilidad o capacidad de cambio.

Digo esto porque  sin el amor y la empatía el acto artístico se va a morir, está condenado a muerte, sobre todo el creativo, pero también el interpretativo se ve afectado. Todo se vuelve cliché, frases hechas, estereotipos, pobreza literaria y estilística… los grandes temas del arte son también los grandes temas que se distorsionan en la secta y entonces…. es imaginable ¿verdad?

Y también la duda está prohibida. Dudar es malo, síntoma de enfermedad, de ser demasiado mental, de no querer curarte realmente, etc. Y sin la duda, sin un pensamiento crítico y versátil, la creación también está muerta

Al salir empecé a escribir de nuevo.

Liberé la mano todo lo pude y sigo haciéndolo. Lo primero que observé es que casi todo lo escrito en este año y pico gira alrededor de mí misma, de la relación con el hombre y de mí misma otra vez… tuve momentos de pensar “dios mío soy una egocéntrica de mierda y además aburguesada, porque vaya, con la de cosas y temas que hay en el mundo y yo aquí, que poeta tan poco madura…” Luego me di cuenta de que no importa tanto, que estaba saliendo todo esto porque la primera cosa que uno anda a resolver tras una relación sectaria es ¿quien soy yo de verdad? Así que bueno, me dejé en paz. Además también van apareciendo otras temáticas y también leyendo a otros poetas uno ve que no es tan anormal hablar de uno mismo…

La recuperación de símbolos y metáforas personales va lenta, mucho más de lo que me gustaría, la recuperación de un lenguaje trabajado también; la sensación es como si una niebla tapase todo ese cajoncito donde quedaron guardadas las herramientas propias de mi identidad creativa, las imágenes los símbolos las metáforas los juegos de palabras, el humor que antes usaba naturalmente: sumidas en la niebla. Duele, pero también ya he vivido cómo se va disipando, poco a poco.

Otra cosa que está afectada y hay que reconstruir es el hecho de salir al escenario. Dentro del grupo los artistas (del grupo) salíamos como a nuestro destino más importante, cargados del convencimiento de ser un ser iluminado que venía a conmover el mundo y con un mensaje importantísimo que dar, y lo dabas, más o menos siempre hacías unas frases típicas del discurso del grupo y te sentías vehículo de dios. El escenario era tu territorio que debías proteger, incluido de los músicos no-adeptos que te acompañasen y en el que mandabas absolutamente. Había consultas sólo para preparar actuaciones. También dentro del grupo se consideraba que lo sano era ir por el mundo “cargados sexualmente” y que “comunicar la hembra” desde el escenario era necesario, era necesario ser “hembra alfa”. Varias mujeres llegaron a actuar sin bragas para “conectar” con su hembra alfa en el escenario.

Así que ahora salir al escenario es un acto totalmente diferente y que a veces me genera cierto vacío, en base a la sensación de “no tener mensaje”. Darle una respuesta nueva y adecuada a las preguntas de ¿para qué salgo yo al escenario? y ¿por qué? se me hace necesario. Se va logrando, del mismo modo que uno va recuperando su personalidad: lo haces lo mejor que puedes, buscas disfrutar de eso que haces y hacerlo bien; y hablando con otros, artistas y no artistas, para tomar referencias, ver cómo lo hacen los demás, ver que cada uno tiene sus razones y herramientas y así poder ir redefiniendo quién eres y qué haces.

En conclusión:

1. De algún modo al vivir en una secta dejas de tomar decisiones, sigues las normas, repites ideas y frases, adquieres (o te instalan) un “cerebro B” que es muy completito… tiene ideas, pensamientos y emociones, parece casi de un ser vivo. Pero no tiene creatividad. Tampoco empatía ni afecto. Cero.

2. El lenguaje (en el sentido mas amplio de la palabra) de la secta va dominando el discurso hasta la anulación total de otros códigos. E incluso hasta se pueden leer frases que no significan nada.

3. La duda, ya sabemos, está prohibida y sin la duda no podemos tener un pensamiento crítico, asimismo muy necesario para crear algo.

4. La información que puede llegar del exterior siempre es filtrada según los códigos del “cerebro B”. Es rápidamente clasificada en a favor o en contra y, normalmente nunca nada es tan bueno como lo que hacemos o podemos hacer los “salvadores del mundo que vamos cien años por delante de la humanidad”.

5. Estamos obligados a hacer algo siempre muy grande y que deje en el público “el mensaje que la humanidad necesita”.

6. Así que dejas de crear, igual que dejas de pensar por ti misma. Y la expresión artística además de reducirse se ve distorsionada por el proselitismo y los delirios de grandeza. El “arte” que sale de una secta no es tal: es propaganda. Y, como apuntó Aymeri Suarez-Pazos, a las sectas no les interesa el arte, les interesa el poder que pueda tener el arte.

Afortunadamente el cerebro A, el auténtico, no se muere… y aunque no es fácil recuperarlo de la niebla y recuperar la ilusión, la disciplina creativa, la concentración, ponerse una al día en las diferentes corrientes estéticas o dramáticas o musicales y renovarse como crítico y autocrítico no-sectarizado; pues se recupera.

Varios meses más tarde de mi salida del grupo escribí el siguiente poema, que quiere reflejar la experiencia vivida de algún modo:

Me creí que las ideas eran mías
y eran mías
sólo, él, las cogió y las estiró
como un chicle masticado
hasta el límite
para amordazar con ellas mi sensibilidad.

Me creí que las fobias eran mías
y eran mías
sólo, él, las encalleció
hasta el límite
haciéndolas latir bajo la costra
y trayéndolas a mi corazón de nuevo
cuando le era necesario amarrarme más corto y confrontarme contra el mundo.

Me creí que los sueños eran míos
y eran míos
sólo, él, los vistió de lucecitas
hasta el límite
hasta convertirme en un fantoche
creyéndome real única
y dándome de bruces con la realidad hasta la extenuación.

Me creí que los amores eran míos
y eran míos
sólo, él, los encerró entre carpetitas de papel dorado
hasta el límite
hasta la imposibilidad de empatía
hasta la más profunda soledad.

Me creí que la fe era mía
y era mía
sólo, él, la deformó a su antojo
hasta el límite
para que todo pasara por él
que la vertiera sólo en él.

Y así, robada de ideas
muda la sensibilidad
encallecida de odios, sin verlos
santificada la violencia, nunca física…

robada de sueños, de amores, de fe,
hasta el límite…

encerrada, transformada
presa en la cárcel invisible
de la que él, sólo, era dueño de la llave…

robada de mi vida
la vida robada de mí.

Pero…
las ideas eran mías y siguen ahí
los sueños, los amores y la fe; siguen latiendo
ahora abiertos se derraman, borbotean
un tanto caóticos, en tumulto
buscando el cauce, en rápido caudal

rompiendo barrotes, carpetitas, chicles, costras
rebentando lucecitas inútiles
conformando de nuevo mi ser
que lejos de él al fin
enfrenta los límites, las fobias, el dolor…

que libre…
ni necesita llave.

  1.  Licenciada en Arte Dramático en la especialidad de Interpretación Textual por la RESAD (Madrid,2000). Autodidacta en la música, como cantante, guitarrista y percusionista. Profesional de las artes escénicas como actriz y cantante, así como profesora de teatro. Ex miembro de un grupo pseudoterapéutico, en el que permaneció durante años. Su interés gira en torno al daño sobre los niños y la anulación de la capacidad creativa por parte de las sectas

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