Sobre el Opus Dei

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S.C., L.V., C.B. y M.C.

Los autores de este trabajo han pedido que se presente de modo anónimo y tan sólo con sus iniciales.

Agradecimientos

Este trabajo sobre Opus Dei no podría haberse desarrollado sin la ayuda bibliográfica aportada por la web OpusLibros.org, coordinada por Agustina López, en la que colabora un gran número de ex miembros de la Obra. Éste no habría sido el mismo trabajo sin la aportación e inspiración del libro Hijos en el Opus Dei, de Javier Ropero, del cual se han recogido extractos que considerábamos centrales para nuestro artículo. Desde aquí queremos mostrarles nuestra más profunda admiración y agradecimiento por el trabajo que desarrollan.

Además de las referencias bibliográficas que reseñamos, hemos querido incluir también documentación web (webgrafía) y audiovisual, con sus correspondientes enlaces.

Todas las observaciones descritas, tanto las oficiales como las críticas, están documentadas y referenciadas. Muchas de ellas hacen referencia a testimonios personales (también referenciados). Por tanto, el artículo introduce experiencias personales que inevitablemente siempre incluyen tanto aspectos objetivos como otros más subjetivos. Aun así, los autores hemos tratado de realizar una selección acorde y justa, recogiendo experiencias críticas que aparecen documentadas por distintas fuentes y adicionalmente, contrastándolas con textos oficiales de la Obra. Nuestra intención no ha sido la de juzgar, sino la de revisar, críticamente, el funcionamiento y proceder del Opus Dei, incluyendo también para ello la perspectiva de aquellas personas que se han sentido víctimas tras el paso por esta organización.

Resumen

Sobre el Opus Dei pretende hacer una descripción introductoria a la Obra incluyendo para ello los extremos existentes entre las ideas descritas desde la versión oficial frente a las de las voces críticas, que la consideran una secta destructiva auspiciada por la iglesia católica. En el centro, nuestra perspectiva, trata de valorar y contrastar si las actividades y enseñanzas de la Obra podrían encuadrarse dentro de la categoría de lo “sectario”. Más allá de las creencias implícitas o de la organización a la que representa, tratamos de valorar su proceder, para lo cual se han considerado de interés los testimonios de personas que pertenecieron a esta organización religiosa.

El artículo incluye una introducción sobre la fenomenología de la obra. Su definición aborda su versión oficial y su visión crítica, como también una discusión técnica desde los marcos socio- histórico, social y psicosocial.

A continuación analizaremos las distintas categorías de miembros dentro de la organización, para pasar posteriormente a describir cómo estos se inician en la obra, dentro del punto “llamada divina vs. captación de fieles”. En “bombardeo afectivo y otras técnicas de captación emocional” se describe la emocionalidad y otras fórmulas afectivas, aparentemente estratégicas, empleadas en el proselitismo. Se contrastan dichas formas con algunas de las técnicas de persuasión coercitiva habituales en sectas destructivas. Por último, “la conversión de los miembros” desarrolla, críticamente, algunos de los pasos que ha dar un miembro del Opus Dei para poder formar parte de su organización. Dichos pasos coinciden también con algunas de las técnicas de persuasión coercitiva habitualmente presentes en sectas destructivas: aislamiento, control informativo, debilitamiento, ocupación excesiva, fomento de la obediencia (y por tanto, de la dependencia), castigos, represión del pensamiento crítico, control del lenguaje, alteración de las fuentes de autoridad (por ejemplo, liderazgo sobrevalorado), etc.

1. ¿Qué es el Opus Dei?

El Opus Dei es una prelatura personal de la Iglesia católica. Fue fundado en Madrid el 2 de octubre de 1928 por Josemaría Escrivá de Balaguer. Su sede central se encuentra en Roma. La finalidad del Opus Dei es contribuir a la misión evangelizadora de la Iglesia, promoviendo entre todos los cristianos una vida coherente con la fe en sus circunstancias ordinarias, especialmente a través de la santificación del trabajo profesional (Opus Dei, 2012). Con ello, la Obra, si bien debe fidelidad a la iglesia a la que pertenece, goza de una importante y reconocida autonomía.

Según su web oficial, santificar el trabajo supone trabajar según el espíritu de Jesucristo: procurar realizar lo mejor posible la propia tarea, para dar gloria a Dios y para servir a los demás. El trabajo se convierte así en lugar de encuentro con Dios, y en un ámbito de mejora y maduración personal. La actividad principal del Opus Dei se centra en la formación espiritual y la atención pastoral de sus miembros, para facilitar que, cada uno en su propio lugar en la Iglesia y en el mundo, desarrolle de modo personal un apostolado multiforme y promueva a su alrededor el ideal de la llamada universal a la santidad. La labor de los fieles del Opus Dei no se limita por tanto a un campo específico, sino que procura contribuir en todos los ámbitos a solucionar cristianamente los problemas de la sociedad y dar testimonio de su fe (Opus Dei, 2012). La Obra admite, por tanto, su aspiración a introducirse en todo ámbito social.

Respecto a la libertad, defienden que sus fieles son ciudadanos que disfrutan de los mismos derechos y están sujetos a las mismas obligaciones que los demás ciudadanos. En sus actuaciones profesionales, familiares, políticas, económicas, culturales, etc., obran con libertad y con responsabilidad personales, sin involucrar a la Iglesia o al Opus Dei en sus decisiones y sin presentarlas como las mejores o como las más congruentes con la fe (Qué es el Opus Deí, en Opus Dei, 2012). Esto quiere decir que, el Opus Dei, no hace suyas las decisiones de sus fieles. Sus estatutos explicitan como la libertad personal tiene unos límites concretos: los límites de la doctrina católica, su fe y su moral (artículo 88.3 de los Estatutos de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei, 1982). En este sentido, podría ser debatible si acaso estos límites morales no son un impedimento para disfrutar de una libertad comparable a la de aquellos ciudadanos que no pertenecen a la Obra.

Según defienden, las autoridades del Opus Dei deben abstenerse totalmente de dar consejos respecto a la actividad profesional, pública, política, social, etc. de los fieles. Por otro lado, dejan claro que la Obra se desvincula de las decisiones de sus fieles. Esto no exime que estos fieles defiendan los intereses de la Obra así como que ejerzan aquellas decisiones que son favorables a la Obra. Resulta inevitable que la doctrina influya particularmente en sus actividades profesionales (políticas, sociales o de cualquier otra índole) puesto que los individuos son influidos y actúan en consonancia con los grupos a los que pertenece. Resultaría muy difícil (incluso patológico por la contradicción) desvincular la actividad cotidiana o laboral respecto a las creencias profundas compartidas. De esta manera, por poner ejemplos en otras facetas, no vemos factible que un testigo de jehová pudiera dedicarse laboralmente en una sección de hematología de un hospital, que un profesor creacionista impartiera clases de evolución en una universidad o que un católico conservador trabajara en una clínica abortista.

La cuestión de no hacer suyas las decisiones de sus fieles también conlleva una posible lectura crítica y es la de que la organización pueda evadirse de las actuaciones controvertidas de sus afiliados, aun cuando estas actuaciones pudieran haber sido influidas o inspiradas en la Obra.

El mensaje que dice predicar el Opus Dei es el de la llamada a la santidad de todos los bautizados, en el cumplimiento del propio trabajo y de las obligaciones personales de cada uno. Según describen, los fieles del Opus Dei son ciudadanos comunes que en nada se distinguen de sus iguales, los demás ciudadanos; con todos conviven y de todos aprenden.

“El espíritu del Opus Dei (…) tiene como característica esencial el hecho de no sacar a nadie de su sitio (…), sino que lleva a que cada uno cumpla las tareas y deberes de su propio estado, de su misión en la Iglesia y en la sociedad civil, con la mayor perfección posible” (Escrivá de Balaguer, n. 16, 1985).

Algunas características que resumen de su mensaje doctrinal: son hijos de Dios, amantes de la libertad, buscan la santidad en el trabajo (y santifican el trabajo), caridad y apostolado, vida de oración y sacrificio, la unidad de vida y el ambiente de familia cristiana.

De una forma u otra y sin querer los autores entrar en formular su opinión, ni mucho menos juzgar la Obra o sus actividades, resulta evidente que existe controversia en la prelatura. De un lado, la Obra describirá que actúa transparentemente, con unos estatutos y una actuación en la que prima la libertad de sus fieles, que todo aquel que lo desee puede abandonar la organización y que se respeta a todo aquel que desea abandonarla. Por el otro, sus detractores y sus declaradas víctimas describen que se han sentido engañadas y explotadas, que están disconformes respecto a la veracidad de la versión oficial de sus estatutos y doctrina, se sintieron profundamente defraudados tras su ingreso, consideran que su salida ha sido traumática o que incluso tras abandonar, algunos sufren consecuencias indeseables.

La supuesta transparencia de la Obra contrasta con unos estatutos originalmente escritos en latín que no fueron traducidos al español hasta 1970 en el apéndice de un libro crítico sobre la Obra (Ynfante, 1970). Posteriormente, acabarán publicando unos nuevos estatutos de la Obra reducidos en el articulado (y con menor controversia), pasándose de los 479 artículos originales de 1950 a los 185 artículos de los estatutos de 1982. Otro ejemplo de falta de transparencia lo encontramos en el artículo 191 del primer estatuto, que más allá de guardar el anonimato de los nombres de los miembros de la Obra (lo que entenderíamos como una cuestión de intimidad respetable), también exige esconder la propia condición de miembro, (“van a guardar siempre un prudente silencio respeto a los nombres de otros miembros; y que a nadie van a velar nunca que ellos mismos pertencen al Opus Dei…”), con la excepción de la autorización expresa del Director Local, lo cual deja entrever la importancia de la obediencia fiel en la estructura jerárquica del Opus Dei.

A la cuestión habitualmente formulada respecto a si podemos considerar al Opus Dei una secta, podemos dar distintas respuestas en base a distintas formulaciones teóricas. Por un lado, el concepto de “secta”, desde el marco socio-histórico hace referencia a la secta como a aquellas corrientes o divisiones internas de las distintas religiones establecidas. Por ejemplo, la judía (fariseos, saduceos, esenos, etc.), budista (mahayana, hinayana, vajrayana) o hindú (vishnuismo, shivaismo, shaktismo, etc.) (Otero, J.M., 2012).

En esta línea, las sectas serían corrientes escindidas de las religiones oficiales, no se considerarían como tales a aquellos grupos u organizaciones dentro de las religiones oficiales, aun cuando estas presentaran interpretaciones o actuaciones más o menos divergentes de su raíz.

Esta definición socio-histórica no conlleva ninguna valoración religiosa/moral, no implica que los grupos presenten elementos coercitivos o aspectos controvertidos. Desde el marco sociológico, la tesis de Weber (2001) en su distinción entre Iglesia/Secta, vendría a defender que el individuo nace en la iglesia y que ésta concederá su gracia por igual a justos y pecadores. O sea, en una iglesia no se necesita que el aspirante demuestre virtudes para su integración, es aceptado sin más. Por el contrario, siguiendo esta tesis, sectas sería aquellas comunidades voluntarias constituidas sólo para aquellos que demuestran, aquellos conformes a los principios con una suficiente idoneidad religiosa y moral. Esta visión sociológica sostiene por tanto que sí pueden existir sectas dentro de las religiones oficiales. Según este marco, no descartaríamos al Opus Dei como secta en base a su pertenencia a una religión oficial.

El marco psicosocial distingue entre secta y secta destructiva. Lo relevante no se encuentra en la oficialidad o no oficialidad de las organizaciones religiosas, ni en su carácter religioso. El aspecto destacado es si dichas organizaciones desarrollan, o no, conductas poco saludables, integran a nuevos miembros a través del engaño, ocultación u otras prácticas controvertidas y si generen una dependencia y fidelidad patológicas a través del uso de técnicas de persuasión coercitiva. En conclusión, se considerarían como sectas destructivas a organizaciones que para conseguir sus fines (sean los que fueren, aun cuando fuesen fines lícitos y éticos) desarrollan medios coercitivos. Estos medios coercitivos a nivel técnico están bien desarrollados por las teorías psicosociales, se tratarían de elementos ambientales, cognitivos, emocionales y disociativos (con una especial capacidad para alterar la identidad del individuo que se integra) que consiguen desarrollar un cambio profundo de valores, actitudes, pensamientos, conductas…atribuibles en gran medida a la acción del grupo. Ser o no secta destructiva no dependería de un aspecto ideológico, se aislaría el contenido y el fin de los métodos (de hecho, muchas sectas destructivas no tienen un contenido religioso). Ser o no secta se consideraría en base a su actuación, sus prácticas habituales, su proceder. Este modelo, el más cercano a los autores de este artículo, parte de la posibilidad de que grupos u organizaciones pertenecientes a la iglesia puedan ser consideradas sectas.

Actualmente el modelo psicosocial prefiere dejar al margen el concepto “secta”, optando por utilizar sencillamente las definiciones “grupo”, “grupo coercitivo” o “grupo de manipulación psicológica”, que obtienen las ventajas de evitar la discusión terminológica y que señalan la importancia de las prácticas, independientemente de las características del agente coercitivo.

En conclusión, la prelatura, perteneciente a la religión católica, es compatible con el concepto secta desde el punto de vista sociológico, puesto que exige a sus miembros una adecuada idoneidad religiosa y moral y ante la evidencia de que cualquier persona no es aceptada como miembro, sino que existen unos requisitos, un proceso selectivo e incluso un periodo de prueba.

Desde la corriente psicosocial también es compatible la definición “secta”, al menos desde la perspectiva de los ex miembros de la Obra. Muchos de ellos se auto-identifican como víctimas que han sufrido una captación engañosa y un contundente lavado de cerebro. Citando a Moncada (1992) cualquiera de los criterios científicos en uso, e incluso con la propia definición de la Iglesia española (“Grupos sin voluntad de diálogo, que hacen proselitismo sin escrúpulos y se resguardan en la ambigüedad y el misterio”), el Opus Dei es perfectamente incorporable a esa lista de sectas peligrosas.

2. Los miembros.

El Opus Dei está constituido por un prelado, un presbiterio o clero propio, y laicos, tanto mujeres como hombres. Según el Opus Dei, no existen distintas categorías de miembros, sino un único e idéntico fenómeno vocacional, por el que todos los fieles de la Prelatura son y se sienten en igual grado miembros de una misma porción del Pueblo de Dios. Existen simplemente modos diversos de vivir esa misma vocación cristiana según las circunstancias personales de cada uno (Opus Dei, 2012). Sin embargo, consultando a ex miembros y la literatura crítica, se detecta que estos modos de vivir la vocación cristina son bien distintos. Posteriormente adjuntamos un cuadro comparativo que explica estas distintas adscripciones o “modos de vivir”, comparando la versión oficial con la versión crítica.

Siguiendo los datos que nos aporta la misma organización, la mayoría de los fieles del Opus Dei (en torno al 70%) son los miembros supernumerarios: suelen ser hombres o mujeres casados, para quienes la santificación de los deberes familiares forma parte primordial de su vida cristiana. Los miembros numerarios, en celibato, por lo general viven en centros del Opus Dei. Permanecen plenamente disponibles a las labores apostólicas y a la formación de los demás fieles de la Prelatura. Las numerarias auxiliares se dedican habitualmente, como actividad profesional, a la atención de los trabajos domésticos en las sedes de los centros. Los miembros agregados de la Prelatura son hombres o mujeres que se comprometen a vivir el celibato por motivos apostólicos. Algunos viven con sus familias, o donde les resulte más conveniente por distintas razones. El clero o presbiterio de la Prelatura proviene de los fieles laicos del Opus Dei: numerarios y agregados que, después de años de pertenencia a la Prelatura y de realizar los estudios previos al sacerdocio, son invitados por el prelado a recibir las sagradas órdenes. Su ministerio pastoral se desarrolla principalmente al servicio de las personas y de las labores apostólicas de la Prelatura. Este ministerio es un servicio a la diócesis local, que también puede darse, por ejemplo, con el ejercicio del sacramento de la penitencia en parroquias, o con la atención de capellanías universitarias, o en hospitales, o bien con algún trabajo en la curia diocesana. Según la web oficial del Opus Dei, la Prelatura proporciona a sus fieles una formación continua, a través de unos medios concretos, compatibles con el normal desempeño de los deberes familiares, profesionales y sociales de cada uno. Esos medios de formación facilitan la posibilidad de adquirir una vida de piedad profunda, buscar la identificación con Cristo, y alcanzar un buen conocimiento de la fe y la moral católicas.

Entre esos medios de formación hay clases semanales, también llamadas círculos, sobre temas doctrinales y ascéticos. El retiro mensual consiste en dedicar algunas horas, un día al mes, a la oración personal y la reflexión sobre temas de vida cristiana. Además, una vez al año los fieles de la Prelatura asisten a un retiro que ordinariamente dura de tres a cinco días.

La formación se imparte por separado a varones y mujeres en las sedes de los centros de la Prelatura del Opus Dei y en otros lugares que resulten apropiados. Por ejemplo, un círculo se puede tener en el domicilio de alguna de las personas que asisten; un retiro, en una iglesia que el párroco permita usar con este fin durante unas horas, etc.

Según el Opus Dei (2012) el 98% de sus miembros son laicos, tanto mujeres como hombres (por tanto, alrededor de un 28 % de los miembros, agregados y numerarios, serán laicos pero vivirán igualmente el celibato). El número alcanza a más de 90.000 miembros repartidos por todo el mundo y del total de fieles, alrededor de la mitad son mujeres y la mitad hombres.

Versión del Opus Dei

Versión de ex miembros

Numerarios (o numerarias): aquellos fieles que, en celibato apostólico, tienen una máxima disponibilidad personal para las labores apostólicas peculiares de la prelatura; pueden residir en la sede de los centros de la prelatura, para ocuparse de esas labores apostólicas y de la formación de los demás miembros del Opus Dei.

Numerarios: son miembros que generalmente viven en casas del Opus Dei y llevan una vida de celibato. Ambos sexos están estrictamente segregados y los miembros dedican buena parte de sus salarios, si no la totalidad, al Opus Dei. Se exige a todos ellos la mortificación del cuerpo.

Sacerdotes Numerarios: su labor sacerdotal se desarrolla principalmente al servicio de los fieles de la prelatura y de las actividades apostólicas promovidas por ello

Sacerdotes Numerarios: por lo general, se trata de miembros laicos de la Orden que han sido escogidos escrupulosamente por la jerarquía del Opus Dei para convertirse en sacerdotes. Muchos sacerdotes numerarios acaban ocupando altos puestos dentro del Opus Dei, algunos incluso dentro del propio Vaticano.

Numerarias auxiliares: se dedican a la atención doméstica de los centros del Opus Dei, para que las actividades de evangelización de la Prelatura se desarrollen en el ambiente que caracteriza a una familia cristiana. Asumen los mismos compromisos de vida cristiana que los demás fieles de la Prelatura.

Auxiliares Numerarios: por lo común. Se trata de mujeres que se responsabilizan del mantenimiento, cuidado y limpieza de las casas del Opus Dei. La mayoría llevan una vida de celibato.

Agregados/as: fieles que, en celibato apostólico, deben atender a necesidades, concretas y permanentes, de carácter personal, familiar o profesional, que les llevan, ordinariamente, a vivir con la propia familia y determinan su dedicación a las tareas apostólicas o de formación en el Opus Dei.

Miembros Agregados: muchos Miembros agregados también se comprometen a llevar mna vida de celibato, pero no viven dentro de las casas del Opus Dei.

Supernumerarios (o Supernumerarias): los fieles de la Prelatura (casados o solteros, pero en todo caso sin compromiso de celibato) que, con la misma vocación divina que los demás, participan plenamente en el apostolado del Opus Dei, con la disponibilidad, por lo que se refiere a las actividades apostólicas, que resulta compatible con el cumplimiento de sus obligaciones familiares, profesionales y sociales.

Supernumerarios: estos numerarios menores generalmente viven mucho tiempo dentro de la comunidad: algunos se casan y tienen hijos, pero todos cumplen el mismo «plan de vida» impuesto a los Numerarios. Buena parte de los ingresos de los Supernumerarios son también dedicado al Opus Dei.

3. Llamada divina vs captación de fieles.

Según el Opus Dei, quien solicita incorporarse lo hace movido por una llamada divina, una determinación específica de la vocación cristiana recibida con el bautismo que lleva a buscar la santidad y a participar en la misión de la Iglesia según el espíritu que el Señor inspiró a San Josemaría. Para pertenecer al Opus Dei se requiere solicitarlo libremente, con la convicción personal de haber recibido esta vocación divina, y que las autoridades de la Prelatura admitan la petición. La solicitud se hace por escrito, mediante una carta en tono familiar, y la admisión se concede después de seis meses como mínimo. Tras un período de al menos un año, el interesado puede incorporarse jurídicamente de modo temporal a la Prelatura, mediante una declaración formal de carácter contractual, renovable anualmente. Cuando han transcurrido al menos cinco años, se puede incorporar definitivamente De acuerdo con el Derecho Canónico, nadie se incorpora jurídicamente al Opus Dei si no es mayor de edad (18 años o más). La salida de la Prelatura llevaría consigo la cesación de los derechos y deberes mutuos.

Esta supuesta llamada divina nos deja muchas cuestiones en el aire: ¿la llamada al Opus Dei es completamente divina?, ¿acaso no es la intervención humana la principal responsable de la afiliación a la prelatura?, ¿acaso no existen métodos de atracción planificados con antelación?. La selección de sus miembros no parece ser aleatoria ni representativa de la población general, pero ¿acaso esta selección no responde a unos criterios preestablecidos?. La llamada a la santidad se expresaba de una manera marcadamente elitista, incluyendo directrices muy concretas en el método de captación:

“No queremos masa sino selección”. (Escrivá en revista Crónica, 1963, citado en Ropero, 1993). O también “[…] atraer a tu apostolado a aquel hombre sabio, a aquel otro poderoso, a aquel lleno de prudencia y virtudes…” (Escrivá en Camino, punto 802).

“Trabajar con todas las fuerzas para que la clase que se llama intelectual -que es guía de la sociedad civil tanto por la instrucción en que no tiene rival, como por los cargos que ejerce y el prestigio social por el que se distingue- abrace los preceptos de Cristo Nuestro Señor y los lleve a la práctica”. (Constituciones de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei. Roma, 1950).

Ricardo de la Cierva por su parte apuntaba, en este mismo sentido: “Monseñor Escrivá buscaba lo que él llamaba el apostolado del mundo intelectual, una de las razones fundacionales del grupo”. (Tiempo, 20 de enero de 1992, pág. 11, citado en Ropero, 1993).

Aunque inicialmente se dirigían exclusivamente a profesionales y universitarios, posteriormente debieron comprobar que el reclutamiento era más sencillo entre adolescentes, que hoy en día constituye el semillero de la Obra: la denominada Labor de San Rafael., como argumenta Alberto Moncada (Ropero, 1993).

Ropero recuerda que cuando era un joven numerario sus directores les hablaban de que debían hacer proselitismo con aquellos muchachos a quienes consideraran un buen partido para sus propias hermanas. Lo sintetizaban con tres palabras: nuestros amigos tenían que tener “cabeza, corazón y buena pinta”, estribillo que repetían con cierta periodicidad en las charlas, retiros y meditaciones. Este proselitismo elitista es algo que el Opus Dei comparte con la mayoría de las organizaciones de corte sectario. Superando el mito prejuicioso de que los sectarios entran en estos grupos por tener un perfil desajustado (trastornos mentales, inadaptación social o familiar, etc.), sabemos que las sectas centran su proselitismo en personas productivas o de interés para su organización, habitualmente coincide con el de personas trabajadoras, inteligentes, sanas, con un buen nivel académico y cultural, estables psicológicamente y procedentes de familias sin conflicto (Langone, 1993; Singer y Lalich, 1997; Tobias y Lalich, 1994; Hassan, 1990, Cuevas, 2012). En la mayoría, los graves conflictos familiares se inician a raíz de la dependencia grupal del captado, cuando no, se agravan los ya existentes.

El Opus Dei se acerca a los jóvenes a través de los colegios. Algunos de ellos son “Obras Corporativas”, es decir el Opus Dei se responsabiliza plenamente de los mismos. Otros colegios, cuya dirección espiritual está encomendada al Opus Dei, pertenecen a cooperativas de padres, muchos de la Obra, que suscriben una participación del mismo al ingresar sus hijos en él. En ellos, lo habitual no es que los profesores realicen proselitismo, sino que exista un cuerpo de preceptores, de edad poco superior a la de los muchachos, que periódicamente se entrevistan con ellos. Estos preceptores orientarán afablemente a los muchachos acerca de sus asignaturas y de los problemas de su edad. Aunque los preceptores no inviten a los muchachos a hacerse del Opus Dei (hay excepciones en las que sí), les animan a estudiar en las bien acondicionadas salas de los clubes juveniles de la Obra, donde sí se realiza una labor de proselitismo directo. También ponen en contacto a alumnos del Opus con otros que no lo son para que el apostolado se desarrolle entre los mismos jóvenes (Ropero, 1993).

Ropero describe cómo el proselitismo no se realiza exclusivamente en los colegios y universidades del Opus Dei. Así, en determinadas clínicas vinculadas a la Obra también aprovecharían la gratitud de los pacientes atendidos para realizar posteriormente una labor de proselitismo. También describe cómo existen en las universidades españolas un alto número de profesores pertenecientes al Opus Dei, hábilmente promocionados desde la época franquista.

No obstante, la captación de jóvenes se da en cualquier colegio, sea o no del Opus, y termina en la red de innumerables clubes juveniles que hay en cada ciudad donde el Opus Dei actúa. En estos clubes se distinguen dos zonas: el club propiamente dicho y el centro. En el club se “entretiene” a los más jóvenes con infinidad de actividades: modelismo, cine, deportes, excursiones, música, fotografía, vídeo, etc., de manera que poco a poco empiezan a ver el club como su propia casa, según se apunta en las “Crónicas” (la literatura interna del Opus Dei):

“[…] los muchachos se reparten naturalmente por toda la casa y es magnífica ocasión de estudiarlos, conocerlos mejor…” (revista Crónica, febrero 1963, citado en Ropero, 1993).

Cuando los jóvenes llegan a la adolescencia pasan al “centro”. En el centro se localizan el oratorio, el cuarto del sacerdote, el del director, las pequeñas salas donde se imparten los círculos y se oyen las confidencias, etc. A través de aparentemente inocuas “competiciones de estudio” en las cuales se organizan equipos cuyos miembros han de demostrar haber estudiado más que el resto, se establece la idoneidad de los aspirantes. También se organizan diferentes tipos de cursillos para atraer a los muchachos: inglés, informática, técnicas de estudio, y repostería, belleza, moda, para las chicas. Estas ocupaciones se entretejen con los “medios de formación espiritual” -charlas, círculos, meditaciones, retiros espirituales, convivencias de “estudio”- así como viajes a Roma para visitar al Papa o la tumba de Escrivá (Ropero, 1993).

El Opus Dei realiza su labor con los jóvenes a través de la llamada Obra de San Rafael. Cuando el joven empieza a sentirse cómodo en el club se le invita a participar en el llamado Círculo de San Rafael. En estas reuniones de menos de una decena de personas el director del círculo explica algunos puntos de la doctrina cristiana bajo el particular prisma de la Obra. En ellas se imparte doctrina unilateralmente. No se admite ninguna interrupción ni pregunta hasta el final de la reunión, en que el director reconduce el coloquio hacia temas banales que no tienen nada que ver con lo anteriormente dicho (Ropero, 1993):

A las reuniones de San Rafael vienen nuestros chicos, no a perder el tiempo sino a aprovecharlo. Por eso, su papel es de discípulos que van a escuchar a su maestro. No se discute. (Tiempo de Edificar, en revista Crónica, febrero de 1963, citado en Ropero, 1993)

Tras el círculo, el director habla individualmente con algunos de los muchachos:

“[…] para contar en confidencia de hermanos más pequeños sus secretillos y preocupaciones de todo género. Al principio les cuesta. Después la necesitan”. (Tiempo de Edificar, en revista Crónica, febrero de 1963, citado en Ropero, 1993)

Es decir, se va creando y alentando una cierta dependencia psicológica.

Durante este período…

“…el consiliario no omitirá allegar, por mediación del director local, noticias -incluso secretas, si así lo estima oportuno- acerca de la índole del aspirante, de su talento, de su cultura, de su piedad, de su aptitud para las obras del Instituto, de su familia, de sus estudios y de todo lo que pueda suponer aportación al más íntimo conocimiento de su personalidad. Y que de esto guarde profundo silencio y secreto”. (Constituciones de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y de la Obra de Dios. Roma, 1950, punto 39).

Poco a poco, “como por un plano inclinado”, según una gráfica expresión del fundador, se irá conduciendo al joven hacia la crisis vocacional:

…facilitad el paso, sin brusquedades. En este periodo de transición sed prudentes en imponer, aun en manifestar, las obligaciones propias de los nuestros. (Tiempo de Edificar, en revista Crónica, febrero de 1963, citado en Ropero, 1993).

Como vemos, se valen de una variada oferta de actividades centradas en la formación espiritual y orientación pastoral (dirección espiritual, retiros, charlas doctrinales, clases de catequesis, etc.); y otras actividades de carácter socioculturales, aparentemente inocuas, para llegar a personas de todas las edades, profesiones y estratos sociales, o mejor, a los líderes de todos los ambientes, cuyo denominador común es la fe y la moral católica inquebrantables.

4. Bombardeo afectivo y otras técnicas de activación emocional.

Entre las técnicas de persuasión coercitiva, características del sectarismo destructivo, encontramos las de tipo emocional. En ellas encontramos un subgrupo relacionadas con la activación emocional. Resaltan las técnicas dirigidas a generar sensación de deuda (solicitud de reciprocidad), otras que buscan un impacto afectivo a través de una explosión de amor o “bombardeo afectivo”, así como aquellas dirigidas a seducir y captar –con engaños y falsas promesas la mayor parte de las veces- a los futuros miembros. Estas técnicas serán claves en el proselitismo, consiguiendo que el neófito vaya confiando y admirando su nuevo grupo. Sus “nuevos y valiosos amigos” le apoyan “incondicionalmente”, haciéndole sentir valioso e importante. Encontrará en el grupo una perspectiva de solución y mejora, de cambios positivos, en un grupo aparentemente unido y cohesionado, que surge como una alternativa muy atractiva respecto al resto de grupos a los que pertenece. Esta confianza y “deuda afectiva” se va gestando hasta concluir en un compromiso abierto y público para con el grupo. A partir de entonces será momento de aceptar colaborar, de contribuir, de aportar cosas por y para ese grupo aparentemente altruista. La reciprocidad justamente tiene una característica bien conocida por los manipuladores: aquel que da primero dispone de más poder, pueden posteriormente solicitar o pedir un favor más grande en el momento que lo necesiten.

En este sentido, las víctimas sectarias describen cómo nunca fueron informadas (cuando no, directamente engañadas) respecto a los verdaderos intereses y propósitos del grupo, ni evidentemente del sacrificio y elevado coste (no sólo económico, también sacrificio personal, renuncias personales y/o sociales, trabajo gratuito, elevada dedicación, explotación, falta de libertad, etc.) que supondría posteriormente formar parte de ese grupo.

Existen organizaciones sectarias que disponen de diferentes “actividades – gancho” con objeto de captar la atención a través de distintas vías e intereses sociales: conferencias, cursos o formación, actividades de voluntariado, fiestas, reunión de “amigos”… En este sentido será frecuente que se oculten premeditadamente distintas cuestiones internas de la organización, guardando celosamente secretos que no se pueden dar a conocer, según el grupo, por el bien del adepto. En definitiva, se presenta una fachada muy atractiva, poco objetiva respecto a su verdadera cara. Se incluyen además tópicos sociales de actualidad que puedan resultar de interés, por ejemplo, ofrecer empleo en tiempos de crisis, prevenir enfermedades ante la noticia de alguna epidemia (ej. Cómo prevenir la “gripe A” cuando los medios y la OMS alertaban sobre una posible pandemia de esta cepa vírica) o inculcar valores sociales (solidaridad, fraternidad, unión, etc.) en momentos de dificultad.

En esta línea, vamos a describir algunas de estas técnicas afectivas y de seducción en algunos ejemplos que nos muestra Ropero:

* Si el lector ha sido invitado alguna vez a una casa del Opus Dei, no habrá podido evitar la sensación de ser el centro de todas las miradas. A las sonrisas de “oreja a oreja” habrá observado que se unen otras cordiales manifestaciones de afecto como el vivo interés por su familia, sus aficiones, sus estudios, etc. Además, muchos sacerdotes del Opus Dei no tienen ningún reparo en abrazar estrechamente al joven visitante o neófito, que, perdido en los ensotanados brazos, se debate en la cuestión de si abrazar a su vez al sacerdote (lo cual para la mentalidad opusdeísta sería una impertinencia) o escurrirse poco a poco hasta desembarazarse de tan cálidas mordazas.

* Si en ese momento se ausentase de su ciudad, no tardaría en recibir la calurosa correspondencia de los socios del Opus Dei o quizá la visita de un amigo de un amigo que le conoció a usted en un centro del Opus.

* He oído a más de una persona criticar la exagerada exteriorización de sentimientos en miembros del Opus Dei cuando hay “visita”. Si usted ha asistido a una proyección de alguna película en que el fundador habla en un auditorio repleto de sus seguidores, no tardará en darse cuenta de que algún espectador sentado cerca de usted tanto llora a moco tendido como se desternilla con sonoras carcajadas. En el fondo se trata de una claque no premeditada pero sí acorde con el contexto de influir sobre el visitante.

* Es de destacar que no hay ningún centro ni colegio de la Obra que tenga un nombre que aluda a su condición opusdeísta. El Opus Dei tampoco desvela su identidad en la propaganda de clubes o campamentos juveniles que reparte por los buzones o pega en los muros de las calles.

* La pesca mediante flirteo (flirty fishing) es una técnica de captación que propiamente es utilizada por la secta Niños de Dios. Sin embargo el Opus Dei utiliza una técnica de proselitismo de demostrada eficacia que yo llamaría “submarine fishing”. Para que entendamos cabalmente en qué consiste esta técnica reproduzco a continuación una tonadilla que cantan los socios de la Obra (Ropero, 1993):

A mí me gusta la pesca;

pero pesca submarina,

que perseguir a los peces

es una cosa divina.

A mí me gusta la pesca

sin anzuelo y sin sedal;

que eso de esperar que piquen

no me va, que no me va.

Para ser un pescador de garantía,

valentía, valentía.

Es preciso hundirse pronto y suavemente;

y meterse por las cuevas sin temor.

Cuando ves un pez, te pones a su altura,

con soltura, con finura;

le disparas un arpón con puntería,

lo agarras luego y se acabó.

En “Datos y respuestas”, Antonio Hernández Deus, de la Oficina de Información de la Prelatura del Opus Dei en España, habla de manipulación linguística cuando en el libro “El mundo secreto del Opus Dei” se utiliza la palabra “captación” al aplicarla al “apostolado cristiano” que realizan los socios de la Obra. Para no herir con este libro la sensibilidad de ningún socio de la Obra utilizaré la expresión que ellos mismos emplean para hacer referencia a su “apostolado cristiano”, la expresión “pesca” o “pesca submarina” (Ropero, 1993).

5. La conversión de los miembros.

A continuación se describen, de forma resumida, algunas características que describen el proceso de conversión, extraídas del libro de Javier Ropero Hijos en el Opus Dei, algunas de las técnicas descritas podrían categorizarse dentro de las denominadas técnicas de persuasión coercitiva o control mental:

Característica 1 (proceso de captación): Hábil proceso de iniciación del convertido y gradual descubrimiento de lo que sus anfitriones son en realidad.

Característica 2 (proceso de captación): ofreciendo “una comida gratuita en un centro internacional para amigos”, bombardeo afectivo, técnica de “pesca”…

Característica 3: A los alistados se les imponen decisiones y respuestas preestablecidas. En el Opus Dei hay distintos tipos de socios. Sin embargo, el joven es encarrilado en una determinada vocación y en la mayoría de los casos no se le explica que existen otras categorías posibles. Así, si un joven pertenece a una familia con un buen nivel de ingresos y es brillante en sus estudios, dios lo llamará para ser numerario. Si no, tendrá vocación de supernumerario, agregado, cooperador o numeraria auxiliar.

Característica 4: Distribución de dinero o medicinas

En un primer momento para la captación se utiliza la famosa visita a los pobres, de esta manera lo que se pretende es florecer en el adepto esas ansia de entrega a la obra que posteriormente, servirá para acostumbrar al joven a hacer entrega de su dinero al Opus Dei. Posteriormente, cuando se haga numerario, entregará las pagas semanales que le den sus padres o el poco dinero que lleve en los bolsillos. Más tarde, cuando trabaje, entregará su sueldo íntegro a la Obra. Sin embargo, los portavoces de la institución afirman con rotundidad que ésta no posee dinero propio porque el dinero, a efectos legales, es de los socios aunque la Obra sea la que lo administre. Esa administración consiste, en muchas ocasiones, en negar el dinero cuando el socio lo pide.

Característica 5: Exigencia de una abnegación incondicional al iniciador, el líder.

“Presidentes generales del Opus Dei tendréis muchos, pero padre no hay más que uno”, afirmaba el fundador acerca de sí mismo. Escrivá de Balaguer gustaba ser llamado con un familiar “Padre”, lo que podría entenderse como una mera alusión a su condición sacerdotal si no fuese porque sus “hijos en el Opus Dei” llaman a la madre del fundador “abuela” y a su hermana “Tía Carmen”, tergiversando así la auténtica naturaleza de los vínculos familiares. Le gustaba también que los numerarios adolescentes denominasen a su familia “familia de sangre” porque “familia en sentido estricto es el Opus Dei”, amonestando al joven que utilizaba la expresión “mi casa” para designar la “casa de sus padres”. Es indudable que Escrivá de Balaguer poseía un especial carisma, fruto de su propio carácter, para estimular a la acción a los que le rodeaban. Para que sus decisiones no fuesen cuestionadas, las exponía como consecuencia de una particular iluminación o gracia divina, pretendiendo que con la misma “santa intransigencia” y “santa coacción” (Camino, puntos 387, 394, 398 y 399) con que animaba a sus inmediatos colaboradores éstos estimulasen al resto.

Esta sensación de interlocutor autorizado por la divinidad aseguraba a sus fervientes seguidores un terreno abonado para la circulación, de boca en boca, de historias sobre presuntas manifestaciones sobrenaturales al fundador. Y en ocasiones estos “signos”, que le legitimaban para tener pleno poder en el gobierno de su institución, desbancaban la capacidad mediadora del propio Cristo:

“Un joven le dice al numerario: Pero.. ¡si parece que adoráis más al fundador que a Jesucristo!” A lo que el joven numerario responde: “Como lo dices, queremos más a Nuestro Padre que al mismo Dios”

Según Ynfante (2002), Escrivá había convencido fácilmente a sus seguidores de que era un santo en vida y que Dios le había elegido como instrumento, “aun siendo un gran pecador” como él decía, para la salvación del mundo.

“Papas y cardenales hay muchos -solía decir-, pero fundador del Opus Dei sólo hay uno.” (Ynfante, 2002).

La confianza en la absoluta fidelidad de sus acólitos permitía que Escrivá pudiese criticar públicamente al entonces papa del Concilio, Pablo VI, pidiendo a sus seguidores que lo puenteasen en sus oraciones: “Rezad por el Papa que ha de venir.” También se permitía, ya en privado, mofarse del papa Juan XXIII, imitando su gran panza y cómo se sacudía cuando se reía (testimonio del padre Vladimir Feltzman). Escrivá estaba totalmente seguro de que sus seguidores cumplirían sus divinamente inspiradas directrices antes que las del propio Papa. Así, en varias películas de sus alocuciones públicas puede vérsele diciendo con gracejo y levantando el índice de su mano derecha: “Cuando el Papa quitó el Indice de la Iglesia, yo puse el mío” (Ropero, 1993).

Característica 6: Aislamiento: control del proceso racional del pensamiento, eliminación de la información e influencia externa (familia, amigos, periódicos, revistas, televisión, radio, tratamiento médico, etc.) que podrían romper el hechizo de este compromiso y el proceso de asimilación de sentimientos, actitudes y patrones de conducta

Característica 7: Se trabaja a los neófitos desde la perspectiva de su vida pasada; centrándose en anteriores comportamientos desviados como el haber consumido droga, desviaciones sexuales; jugando con sus taras psicológicas, con sus pobres relaciones sociales, etc. Desprecio de uno mismo comenzando con el desprecio al propio cuerpo. Como diría Escrivá de Balaguer en Camino:

Trata a tu cuerpo con caridad, pero no con más caridad que la que se emplea con un enemigo traidor (Escrivá de Balaguer: Camino, punto 226).

Por defender su pureza san Francisco de Asís se revolcó en la nieve, san Benito se arrojó a un zarzal, san Bernardo se zambulló en un estanque helado… Tú, ¿qué has hecho? (Escrivá de Balaguer: Camino, punto 143).

Estas recomendaciones del fundador llevan a los ya socios al extremo de flagelarse el trasero con disciplinas, llevar anudado al muslo un cilicio, ducharse diariamente con agua fría, dormir en el suelo, colocar piedrecitas en sus zapatos, etc. En el punto 260 de las Constituciones del Opus Dei se dice textualmente:

Conserven fielmente la piadosa costumbre, para castigar el cuerpo y reducirlo a servidumbre, de llevar al menos durante dos horas cada día un pequeño cilicio, de recibir las disciplinas una vez por semana y dormir en el suelo, con tal que tengan en cuenta la salud.

Los directores de los centros de la Obra en sus charlas a jóvenes numerarios ponen como ejemplo a Escrivá de Balaguer, que utilizaba en sus azotes una disciplina de la que colgaban trozos de herradura, cuchillas de afeitar, etc.

En su cuarto guardaba el Padre, en una caja, el cilicio y las disciplinas. Impresionaba ese instrumento de flagelación, de cuyos cabos pendían trozos de herradura y cuchillas de afeitar y puntas remachadas. Lo utilizó a menudo, y vigorosamente, hasta el punto de que las paredes del cuarto de baño estaban salpicadas de sangre. A pesar de limpiarlas, se notaría alguna mota. (Vázquez de Prada, 1983).

Característica 8: Métodos que alteran las conciencias y producen disturbios intelectuales (bombardeo intelectual); uso de clichés para interrumpir el proceso natural del pensamiento, sistemas de lógica cerrada; restricción del pensamiento reflexivo.

Por ejemplo, cuando un numerario pregunta por qué se hace algo en el Opus Dei, escucha siempre las misma respuestas: “Es de buen espíritu”, “Es costumbre en Casa”, “La costumbre obliga más que la norma”, “Está previsto que se haga así”… Cuando se les critica su actitud de proselitismo sectario contestan: “El Opus Dei no es una secta porque está dentro de la Iglesia”, o la más habitual “El papa nos aprueba”.

¿A qué se refiere el documento vaticano cuando habla de sistemas de lógica cerrada? Trataré de explicarlo con un ejemplo. Cuando un joven ingresa en el Opus Dei se le pide que no hable con nadie de su vocación y menos aún con sus padres, argumentándole que su vocación es como una llama vacilante que hay que proteger de cualquier viento exterior:

Calla. No olvides que tu ideal es como una lucecica recién encendida. Puede bastar un soplo para apagarla en tu corazón. (Camino, máxima 644.)

Por otra parte es característico el uso de frases hechas y de clichés en las charlas y meditaciones impartidas por el Opus Dei. Estos estribillos llaman la atención al principio, posteriormente manifiestan una inequívoca falta de recursos racionales por parte de quienes dirigen las charlas. Frases hechas que no sólo se repiten en estas ocasiones sino que se oyen en las tertulias, los pasillos, las habitaciones…

En cuanto a la restricción del pensamiento reflexivo aparte del abandono del joven en manos de su director espiritual, existen otros mecanismos coadyuvantes. Por ejemplo, una manera eficacísima de interrumpir el flujo normal del pensamiento es la repetición constante de jaculatorias, oraciones cortas que vacían literalmente la mente del neófito. Otros métodos de alteración de la conciencia para permitir una asimilación más eficaz de nuevas ideas en los jóvenes son las meditaciones realizadas en semipenumbra, con un flexo que ilumina únicamente al oficiante, la frecuente utilización de incienso en oratorios de reducidas dimensiones, la mortificación continua, etc. (Ropero, 1993).

Característica 9: Mantener al neófito constantemente ocupado y nunca solo; exhortación y entrenamiento constantes para llegar a un estado espiritual exaltado, a una alteración de la conciencia, a un acatamiento automático de las órdenes: supresión de la resistencia y negatividad; dar respuesta a los temores de manera que se genere un mayor temor. Obediencia fiel y ciega. Y esta situación es la del trabajo continuado, la de la falta de sueño, la del estrés constante: “Emplea, para tu vida, esta receta: “No me acuerdo de que existo. No pienso en mis cosas, pues no me queda tiempo.” ¡Trabajo y servicio!” (Escrivá de Balaguer, 1987 punto 853 del libro Forja) […] Come, bebe y olvídate de que existes (“Crónica”, agosto 1966) […] sé como arcilla en manos del alfarero…es contrario a nuestro espíritu el querer conducirse bajo el propio criterio” (“Crónica”, agosto de 1955) […] La obediencia ciega a vuestros superiores, el camino de la santidad”. (“Crónica”, agosto de 1963) […] El miembro anárquico que rompe la unidad del resto del organismo muere” (“Crónica”, noviembre de 1960).

6. Conclusiones.

Desde sus comienzos, el Opus Dei viene suscitando una gran diversidad de opiniones y discusiones, no ya por las posibles contradicciones y tergiversaciones que pueda encerrar su mensaje doctrinal, sino por sus medios y formas de actuar. No cabe duda que el Opus Dei acostumbra a situarse en la encrucijada entre la apariencia y la transparencia, desplegando su espiritualidad tentacular para dar a conocer sus cuasi-divinos deseos, necesidades y proyectos de “perfeccionamiento” personal –humana y cristiana–, profesional, público, social, etc.

Según señala el Opus Dei, no existen distintas categorías de miembros, sino simplemente modos diversos de vivir una misma vocación cristiana según las circunstancias personales de cada uno. Pero, en esta llamada divina ¿puede un joven fiel de la Obra elegir tener “vocación” de supernumerario con tan temprana edad?. O ¿acaso no pudiera una numeraría auxiliar buscar a Dios realizando otro tipo de tareas que no necesariamente las actividades domésticas preasignadas?. Respecto a los compromisos y los elevados deberes morales de sus miembros, incluyendo el celibato en supernumerarios y agregados, ¿en realidad podemos considerar que todos los miembros de la obra disfrutan de los mismos derechos y las mismas obligaciones que el resto de la ciudadanía, tal como ellos mismos defienden?.

Respecto a su proceder, ¿qué diferencias encontramos entre las características descritas por los ex miembros de esta organización frente a las que describen las víctimas de sectas destructivas?. Las técnicas de persuasión coercitiva o las estrategias de abuso psicológico pueden darse en distintos contextos: sectas, empresas, religiones oficiales, parejas, etc. (Rodríguez Carballeira, 2005; Boulette, 1980, Ward, 2000). ¿Acaso el contexto en que se desarrolla el abuso puede convertirse en la justificación de una acción hostil?. ¿Acaso el contexto elimina posibles daños en la víctima?. Existe un elevado paralelismo entre las estrategias de abuso usadas en grupos manipulativos del estilo de las sectas coercitivas frente a las desarrolladas en relaciones violentas de pareja: tal como describe el Dr. Rodríguez Carballeira (2005), en ambas se persigue el sometimiento de la persona.

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